La magia oscura se hacia presente en cada rincón de la habitación donde se encontraba. Los objetos mas peligrosos que poseía estaban situados en esa zona de la bóveda que el Crowley prefería evitar siempre que podía, mas no aquel día. Revisó toda la bóveda, y sin mas opciones entro al cuarto, luego de algunos minutos solo le quedaba un viejo baúl por revisar que estaba en la esquina. Echó un vistazo solo para hallar papeles sin importancia y algunas monedas malditas, sin dar con aquel objeto dorado del que tenia vagas referencias en su memoria, y necesitaba encontrar con urgencia.
Fatalmente para él, tal pieza no estaba en su bóveda. Tomó una de las monedas antes de cerrar el baúl de un golpe y se sentó sobre el mismo murmurando una maldición por lo bajo, al mismo tiempo lanzaba la moneda directo a uno de los estantes que contenían pocas cosas. El sonido del cristal haciéndose trizas en el suelo rompió la quietud de la bóveda, Fokker reparó el daño antes de salir y sellar la habitación con diversos hechizos.
A diferencia de las bóvedas comunes, esta tenia la particularidad de estar dividida en varias áreas, unidas por un pasillo central. Un par de estas estaban por completo ocupadas, mayormente por viejos objetos sin valor, recuerdos del Cygnus de diferentes épocas de su vida como una vieja saeta de fuego, algunos elementos de quidditch, copas ganadas en Hogwarts, libros que ya no eran útiles. Mientras no necesitara el espacio para otras cosas, sabia que no las desecharía. Resaltaba el póster de Melgar, su equipo favorito, en una de las paredes.
Tras una puerta de color caoba, se encontraba un completo set de pociones peligrosas, en muchos casos prohibidas por el ministerio. La segunda entrada del lado derecho del pasillo, estaba reservado para los diversos objetos mágicos obtenidos en la Magic Mall y que no era necesarios tenerlos al alcance. Pero nada se comparaba con el cuarto que acababa de dejar. La puerta de marfil casi al final del pasillo, sellada con diversas maldiciones poderosas, que solo él conocía, evitaban el ingreso a una zona destinada a resguardar objetos malditos y muy poderosos almacenados cuidadosamente, y catalogados por el mago gracias a sus conocimientos en artes oscuras. Lo mas preciado era una hoja, copia de un hechizo extraído de un poderoso libro de magia oscura de la Mansión Kessler.
La Seguridad final era la proporcionada por la gran puerta de fierro forjado que daba acceso a la bóveda, una puerta antigua signada con el número 713, sin que representara alguna numeración o registro del banco, esta contenía magia muy poderosa.
El pelinegro decidió que nada ganaría quedándose en aquel lugar, lo que buscaba no estaba, si es que estuvo, en Gringotts. El sonido seco y metálico de la gran puerta provoco la molestia del dragón que resguardaba la zona, la criatura reaccionó lanzando una llamarada por sus grandes fauces.
Varios hechizos terminaron por sellar mágicamente la entrada, entretanto Fokker despareció entre uno de los tantos túneles en dirección al vagón que lo esperaba para llevarlo a la superficie.