La bóveda trastero presenta un espacio amplio pero de atmósfera densa y sombría. Sus paredes, labradas directamente en roca sólida y pulidas por generaciones, exhiben grietas finas y manchas oscuras propias del tiempo y la humedad del subsuelo. Una tenue iluminación mágica emana desde pequeñas gemas incrustadas en lo alto, dispersando una luz difusa que arroja sombras caprichosas por cada rincón. El suelo está formado por grandes losas de piedra oscura, frías al tacto, desgastadas por incontables visitas. Al fondo, estanterías metálicas robustas, ligeramente oxidadas, ofrecen abundante espacio de almacenamiento, junto a baúles de madera reforzada alineados cuidadosamente contra la pared, listos para guardar cualquier objeto de valor o recuerdo del pasado. La atmósfera es fresca, con un aire algo viciado que transmite una clara sensación de aislamiento y silencio. Cada sonido reverbera suavemente entre las paredes, enfatizando aún más la soledad y privacidad que ofrece este peculiar espacio subterráneo.